No sé muy bien qué ha pasado. Estaba durmiendo una larga siesta y al levantarme mis papis ya no están juntos. Uno por cada lado. No se les puede dejar solos.
Hoy es mi cumple. Y es que hace exactamente nueve años mami me adoptó. Habrían de estar, como yo, alegres, pero no lo están. Porque echan de menos poder jugar conmigo, acariciarme, contemplar cómo les hago monerías cuando entran en casa, darles un mordisquito en las pantorrillas cuando se cepillan los dientes... Y yo les digo que no, que no han de estar tristes. Que me acuerdo en todo momento de ellos tanto como ellos se acuerdan de mi. ¿Os acordais, papis, cuando hace dos años, por estas fechas, trajisteis esa tarta de crema con mi nombre escrito en chocolate? Qué poco caso le hice. Pero es que a mi no me gustan los dulces, lo saben de sobra. Creo que hicieron trampa y que la compraron para mi para podérsela zampar ellos. No importa, porque luego me obsequiaron con una de esas latitas de paté de pescado que tanto me gustan. En fin, bonitos recuerdos que permanecen porque los tres los seguimos compartiendo. Hoy les he dicho que escriban más, que eso me gusta. Y que no lo hagan solo de mi. Quiero que me cuenten más cosas. Que me digan lo contentos que estaban cuando hace una semana su Barça -nuestro Barça, que yo también soy culé- ganó la champions. Que me expliquen sus aventuras, sus excursiones, sus experiencias gastronómicas (cómo les gusta comer). Porque todo eso les hace felices y, cuando ellos son felices, también lo soy yo. Venga, papis, ánimo.
Lluna Plena
N y yo estamos rotos. Siempre he sido consciente de que llegaría este momento, pero no por eso el dolor se mitiga, ni tan siquiera un poco. Y además ocurrió muy rápido. Un día estaba bien, como siempre, cariñosa y juguetona pero sin olvidar su pequeñísima dosis de mala leche, porque su carácter tenía. Dos día después nos había dejado porque sus riñones ya no aguantaban más y no podíamos permitir que el sufrimiento se prolongase por más tiempo. La decisión, en todo caso, no fue fácil. Algunos pensarán que no es racional sentir tanto dolor por algo así. Yo mismo lo he llegado a pensar muchas veces. Pero todos somos diferentes, sentimos distinto, y al menos nosotros dos, por muy irracional que pueda parecer, no lo podemos evitar. Ni podemos ni queremos. Porque se nos ha quedado un vacío que es difícil llenar. Porque he entrado este mediodía en casa y me ha parecido que estaba allí, agazapada, mirándome con esos ojos tan enormes. Porque hoy, intentando dormir la siesta, esperaba oír ese "plop" en el sofá y sentir seguidamente los pelos de su cabecita haciéndome cosquillas en la nariz y en la barbilla. Por eso, y por muchas otras cosas.
R
Ayer por la noche, mientras sentía las cariñosas caricias y los besos sentidos y dulces de mis queridos papis, los únicos papis que he tenido, una simpática joven con bata verde, casi sin yo notarlo, me inyectó en la patita un líquido que me ha dejado dormida, en un profundo y delicioso sueño. Y así estoy ahora, dormida. O más bien, dormida en el mundo donde hasta ahora estaba viviendo, pero despierta en esta otra dimensión en la que quedan todos los recuerdos, los míos, los de mis papis, todos ellos entrelazados en una nebulosa de sensaciones agradables y tristes a la vez. Agradables, porque así son todos los recuerdos que guardo de aquella vida. Tristes, porque en esta otra ya no puedo estar físicamente con ellos, ni ellos conmigo. Pero es igual, porque fui feliz entonces y lo seguiré siendo ahora mientras ellos continúen pensando en mi -y a buen seguro que lo harán, estoy segura- porque mientras eso suceda ese entrelazamiento de recuerdos perdurará, de forma recíproca y eterna.
Lluna Plena
